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sábado, 28 de mayo de 2011

Cri cri, cri cri.


_ ¿Escuchás Santi?

_ ¿Qué cosa má?

_ El grillito.

_ ¿Qué grillito mami? No escucho ningún grillito.

_ ¿Cómo que no? Escuchá bien. Es un grillito cantando fuerte.

_ No mami, no lo escucho. ¿Estás segura que hay un grillito cantando?
¿Por qué yo no lo escucho y vos si? Escucho al perro de enfrente, al gato de la
vecina y a mis amigos gritando, pero no escucho a ningún grillo!

Mami y papi, le comentaron lo sucedido a la fonoaudióloga de Santi ( quien lo trata porque todavía no pronuncia bien todos los sonidos del habla).
Hicieron una consulta con el médico ORL y le realizaron varios estudios para medir la audición.
Confirmado, Santi no oye bien.

Muy preocupados por la posible reacción de su hijo, le explicaron que si usaba unos "aparatitos" en los oídos, podría escuchar todo, incluso a los grillitos!

Santi, muy contento, los eligió de color azul y le contó a todos sus compañeritos del Colegio que usaría aparatitos para oír mejor.

_ Mami, mami!!!¿Qué es ese sonido fuerte que hay en el jardín?-preguntó Santi
luciendo sus audífonos azules muy orgulloso.

_ Es un grillito, mi amor.



miércoles, 2 de marzo de 2011

ELLOS OYEN CON EL CORAZÓN





A todos ellos los conocí de chiquitos. Fueron mis primeros pacientes hipoacúsicos. Mi desafío, como fonoaudióloga era: enseñarles a hablar.
Algunos dieron más trabajo que otros, unos rechazaban los audífonos, otros se negaban a vocalizar y usaban sus manos y cuerpo todo para hacerse entender, por el contrario estaban los que preferían mover sus boquitas e intentar sonidos y palabras aunque no las pudieran oir. Unos pocos fueron candidatos para el implante coclear, el que les permitió "volver a escuchar".

No todos se conocían entre sí, eso dependía de los días y horas en que tenían sus respectivas reeducaciones.


En algún momento de la vida, dejaron de recibir tratamiento por diversos motivos y por lo tanto dejé de verlos.


Hoy, muchos años después, gracias a la increíble posibilidad de interactuar a través de las redes sociales, los REENCONTRÉ!!! Todos se acuerdan de mi como
"Eli, la que me enseñó a hablar" y me lo agradecen, eso me llena de orgullo.

Con el paso de los años, hubo quienes optaron por comunicarse a través de la lengua de señas únicamente, otros se oralizaron y hablan muy bien y están los que usan ambas modalidades, dependiendo del interlocutor.

Lo más importante es que después de todo este tiempo, encontré jóvenes felices, que se conocieron entre sí a lo largo de los años y hoy forman un hermoso grupo de amigos, en el que estoy integrada como una amiga más.

Todos ellos son mis AMIGOS, los que OYEN CON EL CORAZÓN.





lunes, 16 de noviembre de 2009

¡Un poco de silencio, por favor!

Si de dar un paseo en plena ciudad se trata, llegué a la conclusión de que es prácticamente imposible pretender que se pueda lograr sin la agresiva polución que ingresa a mi ser a cada instante, por el magnífico órgano sensorial del que la naturaleza me dotó; el que tiene la capacidad de decodificar las señales traídas por las ondas sinusoidales que viajan en el aire e impactan mis tímpanos, luego la cóclea y finalmente los centros superiores en los lóbulos temporales, donde las reconozco y asocio con determinadas imágenes.
Camino por la vereda atendiendo a todo lo que me rodea, una mujer pasa presurosa a mi lado y el ritmo de su taconeo indica su apremio por llegar a algún lugar.
Los coches se amontonan en la esquina en triple fila, esperando el momento de poder acelerar para cruzar Rivera, como esperan los caballos nerviosos la campana y la apertura de la puerta para comenzar la carrera.
Un pie golpea varias veces el pedal de la moto hasta lograr el ronquido que anuncia que está pronta para, descaradamente, meterse entre los autos limitados en su movilidad
debido a su tamaño y poca flexibilidad, logrando adelantarse y salir airosa del tumulto. Un grosero improperio emerge de la cabina de un camión acompañado de la grave e insistente bocina que aturde a los transeúntes.
Los niños de la acera de enfrente gritan y corren detrás de un perro que huye de sus pequeños y temibles compinches de juego que parecen querer descuartizarlo.
Algunas hojas secas se quejan al quedar estrujadas bajo mis pies, las miro con pena porque pienso en lo verde, fuertes y brillantes que fueron, con nervaduras turgentes llenas de savia y lo que son ahora, frágiles e indefensas partes de un árbol que las desechó. Una de ellas, de vigorosos colores habano, naranja y rojo cae al pie del plátano, golpea suavemente contra las raíces que sobresalen del piso. La miro, me sonríe con su colorida cara otoñal de recién llegada a la superficie terrestre, la levanto con cuidado y siento la tibieza del calor del sol sobre su cuerpo, la tomo del tallo y le digo:

—No dejaré que te pisoteen, te prolongaré la vida luciéndote en uno de mis cuadros artesanales, así seguirás siendo admirada.

La campana de la iglesia comienza a tañer, las personas a paso lento entran a la iglesia, el murmullo va diminuyendo a medida que las figuras desaparecen al traspasar el portal.
Deslizo el cierre de mi cartera en busca del llavero, detecto su tintineo metálico, lo tomo, identifico la llave de la puerta de entrada. Me tropiezo con el escalón de mármol, empujo la pesada puerta de vidrio y hierro que se cierra detrás de mí con un golpe seco. El tránsito se percibe amortiguado. El ascensor está en planta baja, entro, marco segundo piso, el motor se pone en marcha. Entro a mi apartamento. Por fin estoy en casa, los sonidos de la calle se oyen lejanos, sólo la voz de la heladera y del tubo-luz me reciben tímidamente, invitándome a descubrir otro mundo sonoro, el de mi hogar.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Una pregunta por favor...















Camilo le quiere dar una sorpresa a su esposa y decide comprar un paquete de Buquebus a
Bs. As. para darse una escapada solos, el fin de semana.
Observa que hay una joven empleada de espaldas a él mirando por la ventana.

— Se-se-se-señorita, ¿me-me-me-me puede dar informa-ma-mación sobre los ppp-paquetes de pa-pa-pasaje con hotel a Buenos Aires, ppp- por favor ?

La joven que se suponía debería estar atendiendo con amabilidad y prontitud al probable cliente, continúa con la mirada perdida a través de la ventana que está al lado de su escritorio.
Camilo, que sufre su dificultad de expresión las veinticuatro horas del día desde su niñez, no se inhibe ni desiste cuando se propone algo. Aprendió a hacerse valer.
Espera unos cuantos segundos en silencio, de pronto comienza a mover sus dedos como si tocara el piano sobre el mostrador produciendo un ruido molesto que llama la atención de las demás personas del local menos la de ella. Los nervios le provocan tos y ésta, como acción refleja, le dispara un tic en los hombros, subiéndolos y bajándolos al mismo tiempo como si dijera ¡qué me importa! Todos lo miran extrañados.
Luego de varios eternos minutos, tratando de no ser descortés pero haciendo notar su presencia, eleva un poco el tono y la intensidad de su voz e insiste con el pedido de información. Ante la falta de respuesta, mira con indignación hacia ambos lados y constata que los demás empleados, ocupados en sus respectivas actividades, miran sin verlo, como si fuera invisible, ninguno repara en su presencia.
Recordando lo aprendido en la terapia, Camilo inspira profundamente, relaja la musculatura de su cara, abre su boca y exclama a viva voz:


— ¿Hay alguien ac-c-c-cá que se digne atenderme? ¿Usted — dirigiéndose a la joven con quien intentaba hablar—¿está t-tra-trabajando o cree que está bajo una pal-pal-palmera en la pla-pla-playa de Bom-Bom-Bombinhas?¿No se dio cuenta q-que estoy parado ac-c-c-cá hace quince minutos dirigiéndole la palabra?

Ella ni se inmutó, siguió de espaldas mirando hacia afuera.
La reacción de Camilo fue tan inesperada para todos que en un instante el personal presente estaba frente a él tratando de calmarlo, pidiéndole disculpas y ofreciéndole sus servicios amablemente. Todos menos Cecilia, la joven que miraba por la ventana, quien no se enteró de lo que sucedía porque mientras observaba absorta la gente pasar a través de la ventana, se agotaron las pilas de sus audífonos y quedó sumida en el más profundo silencio.



Nota: imagen bajada de google,http://relatividadpositiva.blogomundo.com/wp-content/uploads/2007/09/4147.jpg

sábado, 5 de septiembre de 2009

Teléfono descompuesto



— Mirá al cielo, dale, mirá. ¡Un mosquito gigante!

— ¿Qué decís, estás loco?¿De qué mosquito hablás? Yo sólo veo un helicóptero.

— ¿Eli con un tero? Nooo, Eli se quedó en casa, no digas bobadas. Mirá.

— Dije: he-li-cóp-te-ro, sordo! Por qué no te ponés los audífonos?

— No tengo pilas, además me zumban los oídos con esos aparatos.
Un zumbido igual al del mosquito gigante,¿lo escuchás?¡ Insoportable!

— ¡Dale con el mosquito! ¿Anoche viste una película de ficción?

— ¿Si tengo infección?¿Por qué me lo preguntás?
¿Sabés algo que yo no sé…?

— FIC-CIÓN, dije.

— No tengo infección, no seas pesado. Yo me cuido.

— Paaah! Ya lo veo, ¡debe ser una especie en extinción!
¡Yo nunca había visto uno tan grande!
Es como un saurio volador.

— ¿Un sano violador? ¿Cómo va a ser un violador sano.
Si es violador no es sano, ¡eso es una contradicción!

— Ufaaa! No se puede hablar contigo, me agota.

— ¿Tenés gota? ¡Qué dolor!
Un amigo me dijo que es exceso de ácido úrico.
Tenés que adelgazar.

— Y vos…tenés que callarte un poco.
¡Serás sordo pero no mudo!

— ¿Te mudás? No me habías dicho nada picarón.
¿Te vas a vivir con ella?
No te olvides de pasarme la dirección, no sea cosa
que desaparezcas del mapa…

— ¡Callate por favor! Parecemos dos chiflados.

— Inflado estarás vos, yo estoy hecho un potrillo.

— Un potrillo parlante…

— Si, siempre pa’ delante. Nunca mirar hacia atrás. Nunca recular.

— Espectacular! Sólo recular para tomar impulso, decía mi viejo.

— ¿Qué me vaya a tomar el pulso? No jodas más.