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miércoles, 12 de abril de 2017

2 de abril AZUL

2 de abril de 2017, un domingo lleno de sol en el que la Plaza Matriz de la ciudad de Montevideo se tiñó de azul con la llegada de niños, padres, tíos, primos  abuelos y amigos. 
Al principio, cada pequeño grupo o familia, caminaba o tímidamente se ubicaba en un banco o cerca de la fuente en forma aislada. De a poco, los saludos, sonrisas y abrazos fueron el común denominador que permitió que muchos se reencontraran y otros se conocieran.
No eran tantos como se hubiese deseado, pero los que estuvieron, sintieron el apoyo y solidaridad de personas que, sin miedo, se acercaron y dijeron "presente" el día de concientización del Autismo.   
BUSCARON NUESTRAS MIRADAS Y LAS ENCONTRARON





martes, 2 de abril de 2013

Día de concientización sobre el AUTISMO


Ellos no están totalmente aislados...si sabemos acercarnos nos regalan su sonrisa y...mucho más...

lunes, 2 de abril de 2012

Globos azules

AUTénticos, pAUTados, cAUTivantes...AUTISTAS



"Cada vez que me mira a los ojos y sonríe...nos reconocemos. Siento que fugazmente , pero cada día un poquito más, soy parte de su mundo".


"Abre la compuerta de su cápsula...me deja entrar por un instante...disfrutamos del encuentro".

Eli


Les propongo esto:

A
cerquémonos a ellos

Unamos nuestras fuerzas

T
rabajemos a su lado

Incidamos en sus vidas

Sintamos sus necesidades

Mostrémoles nuestro amor

Obviemos los prejuicios

sábado, 2 de abril de 2011

2 de abril


Bueno, no podemos decir que se reunió una "multitud", pero entre las 11 y las 12:30 de la mañana del hermoso sábado llegamos a ser unas cien personas.


Se acercaron padres con sus hijos, tíos, abuelos


y amigos



La Sra. Mariela Gavranic con la energía de siempre, acompañada de su esposo e hijos, dió el empujón para llevar adelante este encuentro junto a muchos otros amigos. Repartieron folletos "El Uruguay por el Autismo", conversaron con la gente e inflaron los globos de colores que fueron lanzados desde el balcón del Cabildo de Montevideo acompañados por un fuerte aplauso de los presentes y de los curiosos que paseaban por la Plaza Matriz.


Terapuetas particulares y de diferentes instituciones se acercaron al evento


La Maestra Carmen Castellano, colaboradora de todas las actividades vinculadas al tema estuvo presente


La Sra. María Auxiliadora de Vázquez, con su brazo enyesado no faltó a la cita


La Dra. Gabriela Garrido marcó presencia y fue la creadora de la folletería repartida


El Rotary Club del Uruguay, distrito Ituzaingó -Maroñas-4970, hizo contacto con todos los presentes ofreciendo su sede para charlas informativas sobre el AUTISMO, prioridad absoluta en su agenda del año.


Se intercambiaron tarjetas personales e institucionales


Gracias a todos por estar!


Espero que durante este año sigamos doblando esfuerzos y sembrando semillas en el camino de la vida.

viernes, 5 de marzo de 2010

Ellos y yo

Cuando trabajo con niños autistas, muchas veces me pregunto: ¿logro entrar en su mundo?,
¿ soy alguien para ellos o me verán como un objeto más?, ¿les llegan mis palabras? ...

Su dificultad para contactar con la mirada, el rechazo al contacto corporal, el constante deambular generalmente alejándose, son obstáculos muy potentes en el puente de la comunicación interpersonal.
Yo igual… sigo con mi trabajo, busco acercarme, los abrazo, los miro, trato de entender lo que quieren, les sonrío, les pongo límites cuando se hace necesario, quiero “estar” con ellos.
La mayoría de las veces parece que todo el esfuerzo es de mi lado y ellos…siguen en su mundo.

Con el tiempo, más de una vez comprobé que no es tan así.

Mi queridísima Virginia, el día que dejó el tratamiento cuando tenía doce años me dio de regalo un dibujo con una frase escrita:“doce rosas para Eli”.

Mi galán, Santiago, al volver de las vacaciones y ver a su madre comprando lo útiles para la escuela, le dijo : “Tenés que ir con Eli”.

Mi brillante Illia, el día de su cumpleaños de 15, al bailar el vals con ella me dijo: “Eli, la que me enseñó a hablar”.

Cada uno de ellos me demostró que SI logré entrar en su mundo, que no me ven como un objeto y que mis palabras les llegan…y eso…me hace feliz.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El arcoiris del Autismo



Tomé en préstamo este material para compartir con quienes estén interesados en el tema...deberíamos ser todos.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Una pregunta por favor...















Camilo le quiere dar una sorpresa a su esposa y decide comprar un paquete de Buquebus a
Bs. As. para darse una escapada solos, el fin de semana.
Observa que hay una joven empleada de espaldas a él mirando por la ventana.

— Se-se-se-señorita, ¿me-me-me-me puede dar informa-ma-mación sobre los ppp-paquetes de pa-pa-pasaje con hotel a Buenos Aires, ppp- por favor ?

La joven que se suponía debería estar atendiendo con amabilidad y prontitud al probable cliente, continúa con la mirada perdida a través de la ventana que está al lado de su escritorio.
Camilo, que sufre su dificultad de expresión las veinticuatro horas del día desde su niñez, no se inhibe ni desiste cuando se propone algo. Aprendió a hacerse valer.
Espera unos cuantos segundos en silencio, de pronto comienza a mover sus dedos como si tocara el piano sobre el mostrador produciendo un ruido molesto que llama la atención de las demás personas del local menos la de ella. Los nervios le provocan tos y ésta, como acción refleja, le dispara un tic en los hombros, subiéndolos y bajándolos al mismo tiempo como si dijera ¡qué me importa! Todos lo miran extrañados.
Luego de varios eternos minutos, tratando de no ser descortés pero haciendo notar su presencia, eleva un poco el tono y la intensidad de su voz e insiste con el pedido de información. Ante la falta de respuesta, mira con indignación hacia ambos lados y constata que los demás empleados, ocupados en sus respectivas actividades, miran sin verlo, como si fuera invisible, ninguno repara en su presencia.
Recordando lo aprendido en la terapia, Camilo inspira profundamente, relaja la musculatura de su cara, abre su boca y exclama a viva voz:


— ¿Hay alguien ac-c-c-cá que se digne atenderme? ¿Usted — dirigiéndose a la joven con quien intentaba hablar—¿está t-tra-trabajando o cree que está bajo una pal-pal-palmera en la pla-pla-playa de Bom-Bom-Bombinhas?¿No se dio cuenta q-que estoy parado ac-c-c-cá hace quince minutos dirigiéndole la palabra?

Ella ni se inmutó, siguió de espaldas mirando hacia afuera.
La reacción de Camilo fue tan inesperada para todos que en un instante el personal presente estaba frente a él tratando de calmarlo, pidiéndole disculpas y ofreciéndole sus servicios amablemente. Todos menos Cecilia, la joven que miraba por la ventana, quien no se enteró de lo que sucedía porque mientras observaba absorta la gente pasar a través de la ventana, se agotaron las pilas de sus audífonos y quedó sumida en el más profundo silencio.



Nota: imagen bajada de google,http://relatividadpositiva.blogomundo.com/wp-content/uploads/2007/09/4147.jpg

jueves, 17 de septiembre de 2009

La flauta mágica

Leticia se acomoda tranquilamente en el asiento de su escritorio y descansa un rato mientras espera a su próximo paciente. Se reclina sobre el respaldo al tiempo que sus ojos recorren el consultorio, sus libros en la biblioteca, el mueble con los coloridos juguetes a la vista, el espejo, el rincón de juego, los instrumentos musicales.

Detiene su mirada sobre la flauta que descansa en su erguido soporte, silenciosa, esbelta, quieta. Al verla toma conciencia de que hace mucho tiempo que no practica y teme haber olvidado las piezas aprendidas.

El reloj marca las siete de la tarde; ya es hora de que llegue Agustín, el niño nuevo de tan solo dos años y medio. Lo verá por primera vez, por eso lo citó a última hora, para poder tomarse el tiempo necesario para conocerlo.

_ Buenas tardes, ¿ se acuerda de mí ? Soy la mamá de Agustín.
_ Por supuesto, adelante, los estaba esperando-Leticia hace un gesto suave con su brazo
indicándole el rincón de juego para que dirija a su hijo hacia ahí.
_ ¿Lo dejo solito? –pregunta la madre algo nerviosa.
_ Si no reclama, ni llora, déjelo, quiero conocerlo– Leticia la calma con una sonrisa dándole a
entender que puede manejar la situación.

Agustín no demuestra ansiedad frente a la separación de su madre.


_ Entonces...espero afuera. Me siento acá cerquita por cualquier cosa... ¿le parece bien?
-pregunta la mamá inquieta.
_ Está bien, quédese tranquila, dejo la puerta entreabierta.

Comienza la sesión, Leticia observa a Agustín quien parece estar muy lejos de ese lugar. Se muestra inquieto y resulta difícil captar su atención, evita la mirada, deambula sin sentido, realiza movimientos estereotipados de manos y piernas, tiene carita de angustia frente a todo lo desconocido, y produce un llanto quejoso permanentemente sin motivo aparente.

Lentamente y con voz calma, ella intenta establecer algún tipo de contacto con esa personita que está y no está a la vez, pero de repente, un cúmulo de movimientos y gritos incontrolables fluyen del pequeño cuerpo sin poder encontrar la calma. El llanto lo ahoga y suspira profundamente.

La madre, nerviosa, escucha a su hijo e impacientemente se incorpora queriendo irrumpir en la sala para ver qué pasa. En ese instante, una suave melodía llega a sus oídos y comprueba con asombro e incredulidad que Agustín deja de llorar y respira pausadamente.

Las notas de una flauta dulce han calmado a su hijo y en un instante le devuelven a ella la tranquilidad, dibujándose una leve sonrisa en su rostro. Admite para sí, con cierto recelo, que Leticia también sabe cómo tratar a Agustín. Una placentera sensación de alivio la colma.
Toma asiento nuevamente y continúa esperando. Sabe que su hijo está en manos de alguien que lo comprende...tal vez, tanto como ella.

Nota: imagen bajada de google. http://www.catedu.es/lapicero_digital/IMG/jpg/RW144_El-tocador-de-flauta-Posteres.jpg

lunes, 7 de septiembre de 2009

El juguete de papá



Tomás era un niño pequeño de casi tres años. Era apocado, de gesto asustadizo, al que le costaba mucho relacionarse, tanto con niños como con los adultos. Parecía que siempre estaba a punto de llorar.
Desde que empezó a hablar, se dio cuenta que no podía hacerlo como los demás. Lo que estaba en su cabecita no lograba que saliera normalmente por su boca. Se le trancaban las palabras, sentía como si estuvieran amontonadas en el pico de un embudo y no pudieran pasar. Quedaba repiqueteando en las sílabas iniciales de las palabras sin poder llegar al final de una frase casi nunca.
Él se angustiaba mucho y desistía, sintiendo el fracaso en la comunicación… entonces dejaba de hablar. Esto ponía muy nerviosos a sus interlocutores quienes infructuosamente trataban de adivinar lo que quería decir mostrando objetos, haciendo acotaciones que pretendían suplir los estancamientos con palabras desacertadas. Él los miraba y se sentía incomprendido, bajaba la cabeza y callaba. Más de una vez le caía alguna lágrima sobre sus mejillas.
Así pasaron los años y Tomás continuaba con su tartamudez, razón por la cual fue etiquetado con el mote de Toto, que era la manera como le salía decir su nombre. Nunca llegaba al “más” para completar “ To-más”.
Ya un poquito más grande, en la escuela, la crueldad de sus compañeros le hacía replegarse cada vez más en sí mismo, por lo que empezó a aislarse en el recreo, mientras todos lo ignoraban.
Cierto día, jugando solo en el garaje de su casa, se topó con un baúl dentro del cual había algo que parecía ser un juquete que no conocía, era de madera y tenía una piola larga. Parece un alfajor –pensó -, fue corriendo hasta donde estaba su padre y le preguntó qué era eso. Él, visiblemente emocionado lo tomó en su mano con cariño y le contó que era un yo-yo de madera, el juguete favorito de su infancia. Sin mediar más palabras, tímidamente, temiendo no poder hacerlo, comenzó a demostrar su destreza con el querido y viejo juguete.
— ¡Qué bueno, pá! ¿Me dejás probar a mí?
Tomás lo tomó con sus manitos inexpertas , lo miró de cerca y se presentó:
— Yo soy To-to y vos sos yo-yo. Yo voy y vengo sobre las palabras y vos vas y venís sobre tu piola ( papá me dijo que se llama chaura ) . Así que somos muy parecidos. Creo que vamos a ser muy buenos amigos.
Tal fue la empatía de Tomás con su nuevo compañero de juego que llegó a convertirse en el Rey del yoyo . En la escuela, al verlo sus compañeros haciendo mil piruetas con el juguete, comenzaron a acercarse y a admirarlo. De ser el niño inadvertido pasó a ser el CRACK del YO-YO quien asombraba a grandes y chicos con sus habilidades motrices.
La sonrisa de felicidad inundó su carita cuando, el día de su cumpleaños número siete, entró a la clase como todos los días y fue recibido con un afectuoso aplauso que retumbó en toda la escuela, un dibujo enorme en el pizarrón de él con su súper yo-yo y el canto al unísono de “Que los cumplas felíiiiiiz…”



DATOS INTERESANTES
El yo-yo es un
juguete formado por un disco de madera, de plástico o de otros materiales con una ranura profunda en el centro de todo el borde, alrededor de la cual se enrolla un cordón que, anudado a un dedo se hace subir y bajar alternativamente. Se maneja el disco mediante sacudidas hacia arriba y abajo.
Los más hábiles han logrado hacerlo patinar en el suelo o realizar pruebas y piruetas según les permita la imaginación y la práctica. El perrito consiste en lanzar el yo-yo hacia abajo, logrando que el mismo se deslice sobre la cuerda, se deja correr por el piso, procurando luego incorporarlo al ritmo normal del juego. El columpio consiste en deslizarlo, una vez lanzado el Yo-yo, sujetando la cuerda un poco menos de la mitad. Con el otro extremo de la cuerda se forma un triángulo, y se introduce el Yo-yo en el centro, balanceándolo, para luego incorporarlo al ritmo normal del juego.
Es un entretenimiento de niños y adultos. Los modelos de yo-yo van desde los materiales y formatos más tradicionales hasta algunos con luces y sonidos.

Origen
El yo-yo tuvo su origen en un artilugio de caza, que usaban en los comienzos de la
Edad Moderna, ciertas civilizaciones para obtener sus presas para alimentarse, y requería de cierta habilidad para manejarlo.
En el
siglo XVI, los cazadores filipinos idearon un yo-yo, que era un arma constituida por dos grandes discos de madera y una recia liana que los unía. El yo-yo se lanzaba con habilidad, y su liana atrapaba al animal por las patas y lo derribaba, lo que permitía acabar con él con toda facilidad. El yo-yo facilitaba la tarea a los cazadores, como en el caso del bumerán australiano, que también permitía reducir a la presa desde lejos. El nombre proviene del tagalo, una lengua Indonesia que es la más antigua y la más hablada entre los filipinos. En su origen el yo-yo no era, pues, un juguete.
En los años veinte, un americano emprendedor llamado Donald Duncan pudo contemplar el yo-yo filipino en acción. Reduciendo el tamaño del arma, la transformó en un juguete infantil, conservando el nombre tagalo, pero el yo-yo de Duncan no fue el verdadero origen del juego.

Yo-yo en China (1000 a.C.)
Como juguete, el yo-yo se originó en China hacia el año 1000 a.C. La versión oriental consistía en dos discos de marfil con un cordón de seda arrollado alrededor de su eje central. Andando el tiempo, este juguete chino se difundió en Europa, donde fue adornado suntuosamente con joyas y pintado con dibujos geométricos, a fin de que su rotación creara efectos hipnóticos.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Teléfono descompuesto



— Mirá al cielo, dale, mirá. ¡Un mosquito gigante!

— ¿Qué decís, estás loco?¿De qué mosquito hablás? Yo sólo veo un helicóptero.

— ¿Eli con un tero? Nooo, Eli se quedó en casa, no digas bobadas. Mirá.

— Dije: he-li-cóp-te-ro, sordo! Por qué no te ponés los audífonos?

— No tengo pilas, además me zumban los oídos con esos aparatos.
Un zumbido igual al del mosquito gigante,¿lo escuchás?¡ Insoportable!

— ¡Dale con el mosquito! ¿Anoche viste una película de ficción?

— ¿Si tengo infección?¿Por qué me lo preguntás?
¿Sabés algo que yo no sé…?

— FIC-CIÓN, dije.

— No tengo infección, no seas pesado. Yo me cuido.

— Paaah! Ya lo veo, ¡debe ser una especie en extinción!
¡Yo nunca había visto uno tan grande!
Es como un saurio volador.

— ¿Un sano violador? ¿Cómo va a ser un violador sano.
Si es violador no es sano, ¡eso es una contradicción!

— Ufaaa! No se puede hablar contigo, me agota.

— ¿Tenés gota? ¡Qué dolor!
Un amigo me dijo que es exceso de ácido úrico.
Tenés que adelgazar.

— Y vos…tenés que callarte un poco.
¡Serás sordo pero no mudo!

— ¿Te mudás? No me habías dicho nada picarón.
¿Te vas a vivir con ella?
No te olvides de pasarme la dirección, no sea cosa
que desaparezcas del mapa…

— ¡Callate por favor! Parecemos dos chiflados.

— Inflado estarás vos, yo estoy hecho un potrillo.

— Un potrillo parlante…

— Si, siempre pa’ delante. Nunca mirar hacia atrás. Nunca recular.

— Espectacular! Sólo recular para tomar impulso, decía mi viejo.

— ¿Qué me vaya a tomar el pulso? No jodas más.